El 21 de junio de 1941, Adolf Hitler, convencido de la invulmerabilidad del ejército alemán, daba las instrucciones pertinentes para que sus tropas atravesaran la frontera de la URSS y dieran inicio a la llamada "operación Barbarroja". Ojetivo: conquistar la Unión Soviética. Acababa de iniciarse una de las contiendas más cruentas del siglo XX, cuya batalla más decisiva tendria lugar en las calles de Stalingrado.
Han transcurrido casi sesenta años desde el final de la batalla de Stalingrado, sin duda, una de los episodios más recordados de la Segunda Guerra Mundial. infinidad de estudios y ensayos han intentado plasmar con mayor o menor fortuna la reconstrución de lo que Stalin llamó la gran lucha por salvar la "Madre Patria Rusia"; una contienda que los historiadores han considerado como el punto de inflexión que marcó el principio del fin del sueño nazi y el comienzo de lo que se conoceria como la Guerra Fria.
Mas allá de su significado histórico, la batalla de Stalingrado se recuerda como el símbolo de la barbarie sin sentido y del menosprecio por la vida humana, que se traduujo en la muerte de centenares de miles de soldados por ambos bandos, y en un número incontable de civiles víctimas del hambre y la represión.
¿Por qué se obsesionó Hitler con la conquista de Stalingrado en vez de dirigirse a Moscú?¿Cómo pudo el ejército soviético renacer de sus cenizas y derrotar a la hasta entonces invencible máquina militar alemana?¿Por qué Stalin masacró a su propio ejército y a la población civil? y, sobre todo, ¿Cómo vivieron aquellos hechos los propios soldados y civiles que sufrieron la contienda?
A partir de infinidad de testimonios anónimos y documentos que dejaron oficiales y políticos, Antony Beevor recrea, a medio camino entre la novela y la crónica histórica, unos hechos que las presentes y futuras generaciones no deberian dejar jamás en el olvido.
