
Pintado de negro y cargado de provisiones frescas, junto a sesenta y nueve perros de trineo y un gato de mascota, el Endurance enfiló proa al Atlántico Sur, un 26 de octubre de 1914, con una misión destinada a hacer historia: transportar al primer equipo que cruzaria,a pié,el continente antártico. Pero, tras navegar durante seis semanas a través del tempestuoso mar de Weddell, la expedición británica quedaria atrapada por los hielos, a tan sólo un dia de navegación del lugar donde pretendian realizar su desembarco. Impotentes y conmovidos por la brutal jugarreta con que les desafiaba el destino, los veintisiete hombres, al mando del insigne explorador sir Ernest Henry Shackleton, verian como su embarcación se alejaba de tierra firme e, inexorablemente, era arrastrada a la deriva sobre una gélida placa sometida al capricho del viento y las mareas.
En ese momento, nadie se hubiera atrevido a vaticinar que, por delante, aún quedaban veinte meses de brutal lucha contra los elementos. Una odisea destinada a inscribirse entre las más notables en los anales de las exploraciones y que se iniciaba con el fantasmagórico canto que ocho pingÜinos emperador emitian al tiempo que el Endurance se astillaba sometido a la presión de los hielos.
Momento de un flemático adiós de tres hurras, cuando shackleton y sus hombres se despedirian estoicamente de su noble embarcación, para iniciar el más extraordinario camino de regreso a casa.
