En la noche del 15 de febrero de 1898 una violenta explosión destruyó la proa del acorazado Maine, uno de los más poderosos de la marina estadounidense. Perecieron 286tripulantes de su dotación, abrasados o ahogados, mientras el buque se hundia en la bahia de La Habana.
Los grupos imperialistas de Washington y la prensa amarilla de Nueva York aprovecharon el suceso para azuzar a la opinión pública. Dos meses más tarde, Estados Unidos declaró a España una guerra en la que esta perdió sus últimas colonias: cuba y Filipinas.
Durante un siglo las causas de la catástrofe del Maine han sido objeto de encendidos debates entre diplomáticos, historiadores e ingenieros. Estados Unidos atribuyó veladamente la tragedia al ejercito español, sin precisar hechos ni personas.
El gobierno de España defendió siempre el honor de sus militares. Decenas de maníacos de la dinamita se adjudicaron la autoria del hundimiento del acorazado, con más imaginación que pruebas.
Al cumplirse el primer centenario de aquellos acontecimintos que marcaron el final de una época en la historia de nuestro pais, este libro de Agustín Remesal desvela los últimos misterios del Maine, ocultos en los archivos a uno y otro lado del Atlántico.
