Nadie duda ya de la trascendencia de La Celestina como obra clave tanto para el surgimiento del realismo narrativo como para la consolidación del género dramático en España. Esta peculiar obra dialogada, cuya primera versión conocida data de finales del siglo XV, ha conservado a lo largo de los siglos su particular fascinación y, si cabe, ha acrecentado su valia literaria.
En efecto, actualmente La Celestina cautiva y conmueve, más que por su apego a la realidad, por su estricta fidelidad en el sentido decimonónico, porque "engaña" al lector y, con absoluta natualidad, le introduce en un universo narrativo con leyes propias. Aqui radica su mentado realismo, no en copiar servilmente el mundo sino en inventarlo: es el triunfo de la literatura.Como la prueba la diversidad de lecturas a que invita: impecable trabazón de la intriga y densidad de los personajes, viñetas "costumbristas", estampas pintorescas y rasgos jocosos; sutil construcción dramática; diálogos brillantes, agilidad de los apartes y brio de los soliloquios, etcétera.
En cuanto a su sustancia, la Celestina va a contracorriente del pensamiento clásico y humanista; en ella el amor actúa como polo negativo de una enécdota que desemboca en tragedia precisamente por el influjo nefasto del amor, fuente de dolor y destrucción.
Las relaciones entre los personajes se basan en manifiestos conflictos de intereses, ambiciones, malquerencias, enemistades y envidias que, sombriamente, apuntan una reflexión sobre la condición humana.
La Celestina, uno de los supremos monumentos del realismo, perdurará por siempre en el ánimo de todo lector sensible a las más auténticas manifestaciones artísticas de una sociedad.
